Restaurar es más que plantar árboles

Restaurar es más que plantar árboles

Si enseñásemos esta foto a alguien, y le dijésemos que qué ve, prácticamente cualquiera coincidiría en decir que esto es un espacio degradado. Puede que muchos dijeran también que un desierto… Si después les preguntásemos que harían aquí para recuperar el ecosistema, para “restaurarlo”, la gran mayoría sugeriría en algún momento del discurso “plantar árboles”. Y es que como buenos humanos, inventores de la agricultura, dejamos florar al Neolítico que llevamos dentro cuando se trata de devolverle a los ecosistemas la vida.

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Foto: Bureau of Land Management

Es cierto por otra parte que la presencia de vegetación arbórea se asocia comúnmente con funciones ecosistémicas como el control de la erosión en los suelos, la capacidad de retención de agua, el aporte de materia orgánica, el aumento de la biodiversidad… pero no debemos en caer en la tentación de pensar que restaurar un ecosistema es sinónimo de plantar.

Luis Balaguer en su intervención en el Primer Foro de Restauración Ecológica que organizamos en Madrid en 2013 llamaba la atención sobre la confusión que existe entre revegetar, rehabilitar y restaurar con criterios ecológicos un ecosistema. Y es que no podemos decir que en restauración ecológica el refuerzo de comunidades vegetales mediante plantación no sea una medida útil en algunos casos, pero lo cierto es que no lo es siempre.

Hoy os presentamos algunas acciones alternativas para restaurar ecosistema que son mucho más que plantar árboles. Todo depende del objetivo que persigamos con nuestra restauración.

Fuegos controlados

Aunque parezca contraintuitivo, el fuego es una actividad que puede usarse para la restauración de ecosistemas (siempre fuegos controlados, claro está). El fuego es un componente dinámico de muchos ecosistemas forestales, es decir que es un proceso necesario para la regeneración de algunos bosques. Sin ir más lejos, algunas de las especies del Mediterráneo presentan adaptaciones al fuego como las piñas de algunos pinos, que sólo se abren y dispersan las semillas si se queman.

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Foto: National Oceanic and Atmospheric Administration

Las estrategias de conservación en gran número de bosques americanos se han centrado, desde los años 40, en evitar los incendios forestales. Sin embargo, a la larga se ha visto que muchos bosques tienden a acumular gran cantidad de biomasa, y que si estos se incendian, el efecto de los fuegos es altamente destructivo de manera que incluso las especies adaptadas al fuego pueden desaparecen del ecosistema.

En este contexto, el proyecto Collaborative Forest Landscape Restaoration Project promueve la tala selectiva de individuos de gran tamaño y la quema controlada de arbustos pequeños y hojarasca, simulando así el efecto de los fuegos naturales. El resultado de este proyecto se ha hecho evidente en casi 60.000 ha en las que se han restaurado bosques con altos niveles de diversidad, más resistentes al ataque de plagas y capaces de adaptarse a los efectos del cambio climático.

Castores

Los castores son roedores que podríamos denominar “arquitectos de los ecosistemas”. La presencia de estos animales en los ríos modifica la dinámica de los mismos, mediante la construcción de diques naturales que crean humedales y recanalización de cursos de agua superficial. La presencia de castores crea unas condiciones de hábitat de las que ellos mismos se benefician al igual que otro gran número de especies.

El proyecto de restauración llevado a cabo en Bridge Creek (Oregon) planteaba la restauración de la conectividad entre distintos brazos/canales del río, aumentando así la complejidad del sistema y recuperando el hábitat de la trucha arcoíris. Frente a la modificación geomorfológica de canales que conlleva movimientos de tierra y la creación de grandes superficies desprovistas de vegetación que después habría que plantar (lo que evidentemente dispara los costes), en este proyecto se propusieron favorecer el establecimiento de poblaciones de castores en la zona a restaurar y aprovechar la actividad de estos animales para alcanzar sus objetivos.

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Foto: Proyecto Bridge Creek

El establecimiento de poblaciones de castor en Bridge Creek aumentó la sinuosidad de los canales, mejoró la heterogeneidad longitudinal del río creando zonas de mayor y menor profundidad y evitó la incisión de los canales por procesos erosivos. Además, consiguieron aumentar la población de salmónidos en la zona. ¡Objetivo cumplido!

Arrancar árboles

También en Oregón, Populus tremuloides es una especie clave. Los bosques dominados por estos árboles poseen una gran diversidad de pájaros carpinteros y paseriformes que anidan en los huecos de los troncos. La hojarasca de estas especies se descompone fácilmente y crea hábitat para un gran número de especies de hongos e insectos. Además, durante el invierno, los ciervos y alces en migración encuentran alimento también en estos bosques.

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Foto: Stan Shebs

Sin embargo la presencia de alces así como la eliminación de los fuegos en estos bosques de Oregón ha dificultado la regeneración en los mismos y este espacio ha sido ocupado por densas masas de Pinus ponderosa. Además, el crecimiento de estos Populus es de tipo clonal, es decir que a partir de un árbol adulto crecen una serie de “chupones” que acaban por convertirse en individuos independientes. El éxito de la restauración de Populus tremuloides en Oregon pasa por  localizar pies con alta capacidad de rebrote y facilitar su desarrollo.

Por tanto y para restaurar las poblaciones de Populus, científicos de la Universidad de Oregon propusieron arrancar los pinos entorno a individuos de Populus de gran porte y aplicar quemas selectivas en estos bosques para favorecer el crecimiento de especies forrajeras que sirvan de alimento para ciervos y alces y así disminuir la herbivoría de los rebrotes de Populus.