Actualidad, ODS

Dar de comer a la humanidad no cabe en un ODS






Somos más de 7 mil millones y medio de personas y las previsiones dicen que podemos ser unos 9 mil para mediados de siglo. La alimentación de la población humana en un planeta finito, con unos recursos naturales que se ven amenazados simultáneamente por varias actividades humanas y el cambio climático, es sin duda un gran reto que se abordan desde distintos puntos de vista en varios
ODS. 


Detrás de muchos de las metas relacionadas con la seguridad alimentaria, está la necesidad de reducir el impacto ambiental que genera esta actividad y conseguir adaptarla al cambio climático. La industria alimentaria ha experimentado un gran crecimiento en las últimas décadas y también el impacto ambiental que genera. La producción de alimento va desde la propia gestión de las materias primas, el suelo y el agua hasta el envasado y distribución de los alimentos. Los impactos se producen en toda la cadena de suministros y por ello es necesario contar con marcos integrados para la valoración del capital natural, la restauración de los ecosistemas agrícolas y su adaptación al cambio climático o la circularización del propio sector.


En este sentido, la FAO ha desarrollado un documento para valorar las dependencias de la agricultura del capital natural y ha incluido algunas directrices para la adaptación del Natural Capital Protocol al sector de la alimentación. Food Drink Europe recoge distintos ejemplos de cómo puede reducirse, no sólo la cantidad de residuos de la industria de alimentación y bebidas si no la cantidad de comida que tiramos cada día. En el sector privado, algunas marcas también trabajan directamente por la restauración de servicios ecosistémicos y recursos clave para asegurar la sostenibilidad de su propia actividad en el tiempo. 



De hecho en la Conferencia ODS de Salamanca, en la sesión de Economía Regenerativa, contaremos con Amparo Lobato de Kellogg's que nos hablará de Origins. El programa Origins de Kellogg’s  está consiguiendo impulsar la agricultura sostenible del arroz en el Delta del Ebro a través de la mejora de las prácticas agrarias y la fijación de la población al territorio. Como resultado se obtiene una mayor rentabilidad con un menor impacto ambiental, a la vez que se mantiene una actividad vinculada con la identidad del territorio.


El medio ambiente vuelve a estar en la base de la consecución de la agenda 2030 así como la creación de alianzas multiactor que permita abordar soluciones conjuntas a los problemas complejos con los que nos enfrentamos.


¡Vente a la Conferencia ODS y participa de esta transformación ineludible!