4 claves para diseñar corredores ecológicos adaptados al cambio climático

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Por mucho que nos cueste reconocerlo, el cambio climático está aquí para quedarse (al menos una parte). Los datos científicos hablan de que, incluso si parásemos de emitir CO2 a la atmósfera mañana mismo, la Tierra ha alcanzado un nivel de calentamiento cuyas consecuencias serán visibles hasta finales de siglo. La pregunta es ¿cómo podemos adaptarnos a los efectos inevitables del cambio climático?.

El primer paso sería asegurar que las especies van a poder moverse por el territorio hacia lugares donde las condiciones ambientales permitan su supervivencia. Para asegurar estos movimientos es necesario que existan corredores ecológicos, también llamados corredores biológicos.

Un corredor ecológico es por definición una “estructura del paisaje ecológico (sitios y redes de sitios) que reúnen las condiciones para el desplazamiento de una especie (animal, vegetal u hongos) o de la comunidad de especies, o de sus genes”. Sin embargo, si queremos que estos corredores biológicos sean funcionales incluso si cambia el clima, tenemos que tener en cuenta las siguientes recomendaciones.

 

Configuración espacial

Existen distintos tipos de corredores ecológicos de los que distintos tipos de especies pueden verse beneficiadas.

Lineales: Son estructuras continuas, con características muy diferentes a las matrices del territorio por las que discurren. Dentro de este tipo de corredores podemos encontrar las riberas de los ríos, pero también elementos lineales a menor escala como setos vivos o muros de piedra seca. Las especies beneficiarias de este tipo de corredor, son aquellas que difícilmente pueden atravesar la matriz del territorio.

Stepping Stone: son fragmentos de hábitat que tienen una importante función conectada entre zonas de hábitat óptimo, muy separadas. Estos corredores ofrecen zonas de parada para las especies en recorridos largos. Las especies potencialmente beneficiadas son aquellas con capacidad de atravesar la matriz.

Mosaicos permeables: son conjuntos de teselas con distintos grados de intervención humana. Son heterogéneos y los usos del territorio se dan de manera extensiva, y los bordes de transición entre distintos tipos de uso son graduales. Las especies capaces de moverse en hábitat agroforestales, se verían beneficiadas por este tipo de corredores.

 

Complejidad estructural

Para que un corredor biológico sea funcional tiene que proporcionar hábitat de nutrición, refugio y cría, y eso se consigue creando distintos ambientes. ¿Cómo generamos esta complejidad? Pues, por ejemplo, favoreciendo vegetación de distinta edad, porte y frondosidad. También podemos facilitar el establecimiento de especies vegetales que produzcan frutos en invierno, o asegurar que existan puntos de agua, especialmente durante el periodo de máxima actividad de la fauna.

Recuerda que estas son solo algunas recomendaciones generales y que, cuando diseñamos corredores naturales, debemos tener en cuenta los requerimientos de hábitat de aquellas especies que queremos que usen el corredor.

 

Diversidad biológica

En línea con la complejidad estructural, debemos asegurarnos de que existe una diversidad de especies dentro del propio corredor biológico. Este hecho es importante, no sólo porque la biodiversidad es la encargada de proporcionar servicios ecosistémicos, sino porque un entorno más diverso suele ser también más resiliente a las perturbaciones. La idea es, por tanto, favorecer al máximo la biodiversidad local, no sólo desde el punto de vista específico, sino prestando atención a la función que tienen las especies dentro del ecosistema (p.e. presas, depredadores, ingenieros de los ecosistemas…), e incluso a la variabilidad genética de las poblaciones.

Optimizar la biodiversidad local es tanto más importante cuando pensamos en diseñar corredores ecológicos urbanos. En los ecosistemas urbanos las especies autóctonas son poco abundantes, en parte porque las especies foráneas se ven favorecidas gracias a la jardinería.  Asi que si vamos a diseñar corredores ecológicos urbanos la idea sería incluir especies adaptadas a las condiciones locales y, dentro de éstas, las que vayan a estar mejor adaptadas al clima futuro (p.e. especies resistentes a la sequía).

 

Gestión adaptativa

Los escenarios de cambio climático son, hasta cierto punto, impredecibles. Sabemos a grandes rangos qué es lo que puede pasar pero no sabemos ni cuándo ocurrirá ni con qué intensidad. Así que no sabemos cómo van a comportarse los corredores ecológicos que hemos diseñado. Por eso, más que nunca, si queremos crear o mantener corredores biológicos funcionales es necesario que apliquemos modelos de gestión adaptativa, donde hagamos un seguimiento al comportamiento de las especies y modifiquemos los diseños, si es necesario, en cada caso.

 

Si quieres saber más sobre cómo restaurar la conectividad ecológica no te pierdas el proyecto que hemos hecho en Torrelodones.

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