Entornos periurbanos: una oportunidad para restaurar servicios ecosistémicos

 In Actualidad, Restauración ecológica

A pesar de lo manido de la frase, la realidad es que la gran parte de la población mundial se concentrará en ciudades en el corto plazo. En 2018, la población urbana global era superior al 55% y se espera que ascienda hasta el 68% en 2050. Esto quiere decir que muchas de las ciudades que ya existen, aumentarán en extensión y o se densificarán en su estructura para albergar a más personas. Algunos de estos crecimientos se saben que son irregulares y desordenados, a modo de barriadas o slums donde se concentra población especialmente vulnerable. La otra alternativa, es que se construyan nuevas ciudades o incluso versiones 2.0 de ciudades que ya han mostrado síntomas de colapso.

Esta expansión de los ecosistemas urbanos trae consigo una gran batería de consecuencias ambientales más o menos evidentes, pero una de las que queremos hablar hoy es que, asociadas a estas nuevas o no tan nuevas urbes existirán (nuevos y no tan nuevos pero igualmente extensos) espacios perirubanos. Pero ¿qué es un espacio perirubano y porqué debe importarnos?

Espacios periurbanos y servicios ecosistémicos

Los espacios periurbanos son zonas de transición donde las actividades puramente urbanas y rurales se solapan. Con actividad rural queremos referirnos a actividades económicas y contextos sociales, vinculados muy directamente al sector primario y al uso y gestión de los recursos naturales.

Estos ecotonos complejos y dinámicos, proporcionan servicios ecosistémicos valiosos como la regulación del clima local, el control de la escorrentía y la recarga de acuíferos o la depuración del aire. Además, en las zonas periurbanas se localizan usos del suelo con fines productivos como zonas agrícolas. La agricultura periurbana tiene especial interés pues permite atajar una cuestión que cada vez preocupa más como es la seguridad alimentaria.

Las condiciones heterogéneas de estos entornos hacen que pueda existir biodiversidad específica que encuentre refugio. Asimismo, los espacios que circundan las ciudades suelen ser espacios favoritos por la población para llevar a cabo actividades de ocio o para experimentar el contacto con la naturaleza.

 

Actividad e impactos en entornos periurbanos

Al mismo tiempo, los espacios periurbanos están expuestos a una rápida transformación y degradación, en tanto en cuanto suponen el borde de crecimiento potencial de la ciudad pero también una zona de concentración de actividades orientadas a satisfacer las necesidades del entorno urbano. Alrededor de las urbes tienden a concentrarse explotaciones de áridos para construcción, zonas industriales, vertederos, infraestructuras de transporte y energéticas o de tratamiento de aguas.

Todas estas actividades degradan los ecosistemas periurbanos a través del desequilibrio que generan sobre los ciclos biogeoquímicos (especialmente el ciclo de carbono y el ciclo del agua),  mediante la emisión de contaminantes o la fragmentación y pérdida de hábitats. Además, los entornos periurbanos tienden a ser espacios susceptibles a la invasión por parte de especies exóticas.

La degradación de los ecosistemas periurbanos y su dinámica intrínseca comprometen los bienes y servicios ambientales que estos espacios pueden proporcionar a medio plazo.

Oportunidades para la restauración de ecosistemas

Tanto por la actividad que concentran como por los valores ecológicos potenciales que poseen, los espacios periurbanos atraen la atención de un gran número de grupos sociales:

  • Población con escasos recursos económicos: en estos entornos es relativamente fácil vivir o asentarse
  • Población de clase media-alta: estos entornos están suficientemente cerca y lejos de la ciudad, con acceso rápido a entornos naturales o seminaturales
  • Gobiernos locales: zonas de actividad vinculadas al transporte, depuración de aguas o gestión de residuos, que difícilmente o costosamente puede albergar un núcleo urbano
  • Conservacionistas: en el límite de las ciudades se encuentran espacios naturales protegidos o zonas de alto valor ecológico que limitan la expansión de la urbe
  • Sector privado: las empresas encuentran en estas zonas localizaciones óptimas para muchas actividades

La complejidad social y ecológica de los entornos periurbanos puede verse como una oportunidad para la restauración de servicios ecosistémicos.  En concreto, la restauración de ecosistemas en esta zona de transición puede reducir las huellas ecológicas y las deudas ecológicas de las ciudades al tiempo que mejora la resiliencia, la salud y la calidad de vida de sus habitantes.

Otro aspecto importante de la restauración de zonas perirubanas es que ayudar a mitigar los efectos negativos del cambio climático en las urbes, a la vez que pueden facilitar la conservación de la biodiversidad de estos ecosistemas antrópicos.

De hecho, ya existen experiencias de restauración de ecosistemas en entornos periurbanos como por ejemplo:

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