Infraestructura verde en España: ¿por dónde empezar?

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En 2018 se han publicado las Bases científico-técnicas para la Estrategia estatal de infraestructura verde, conectividad y restauración ecológicas. Este documento, elaborado gracias al trabajo coordinado de un panel multidisciplinar de científicos, representantes de la administración pública, del sector privado y del tercer sector, es el que asienta los marcos conceptuales a partir de los cuales se deberá desarrollar la infraestructura verde de nuestro país.

En alguna otra ocasión, hemos hablado de la gran oportunidad que supone la infraestructura verde. De la misma manera se refleja en el documento de las Bases, donde la creación de una red natural a nivel nacional se percibe como un «nuevo modelo de planificación y gestión territorial donde se integren el desarrollo económico y social, la garantía del mantenimiento de los servicios ecosistémicos y la conservación de la biodiversidad«.

No obstante, crear una red de estas características implica necesariamente el trabajo conjunto desde la escala local a estatal, vinculando a todos los sectores implicados y al conjunto de la sociedad. En este sentido, parece claro que el desarrollo de la infraestructura verde en España requiere llevar a cabo acciones de planificación territorial estratégica y acciones de tipo relacional, pero ¿por donde empezar?.

Elementos de la infraestructura verde

En cuanto a la planificación estratégica, el primer paso sería identificar aquellos elementos clave que componen la infraestructura verde a las distintas escalas de trabajo (local, regional y nacional) que merecen ser conservados, en función de los servicios ecosistémicos que proporcionan. De manera general, en el ámbito estatal se han identificado 69 tipos de elementos de infraestructura verde que se engloban a su vez en:

  • Zonas de Red Natura 2000 (2 tipos de elementos)
  • Espacios naturales protegidos (6 tipos de elementos )
  • Áreas protegidas por instrumentos internacionales (7 tipos de elementos)
  • Protección de Humedales (3 tipos de elementos)
  • Montes (6 tipos de elementos)
  • Zonas con gestión ambiental de dominio público (3 tipos de elementos)
  • Espacios sujetos a actividades agrarias protectoras de la biodiversidad (8 tipos de elementos)
  • Territorios delimitados en figuras de conservación orientadas a especies (2 tipos de elementos)
  • Infraestructura verde urbana (13 tipos de elementos)
  • Lugares, espacios o enclaves definidos y con objetivos de conservación de biodiversidad (14 tipos de elementos)
  • Lugares delimitados y gestionados para la conservación de la biodiversidad en los siguientes planes e instrumentos de ordenación (6 tipos de elementos)
* El Parque Nacional de los Picos de Europa es uno de los elementos clave de la infraestructura verde de España

En línea con la identificación de elementos, también es necesario localizar aquellas zonas que funcionan como conectores o corredores ecológicos. Esta definición de conectores es competencia de las Comunidades autónomas y algunas como la Comunidad Foral de Navarra, País Vasco, Murcia, Andalucía, la Comunidad Valencia, Asturias, Exremadura y la Comunidad de Madrid ya han dado algunos pasos en este sentido pero aún queda trabajo por hacer. Por suerte en el documento de las Bases científico-técnicas hay mucha información y recomendaciones concretas sobe cómo fomentar la conectividad.

En paralelo, a una escala local, algunos Ayuntamientos se atreven a trabajar directamente en sus propios planes de conectividad, que les permitan identificar la funcionalidad de los corredores que pasan por sus municipios y ver cómo pueden potenciarlos. Estamos hablando, por ejemplo, de Torrelodones que está atravesado por el Corredor Transversal.

Cambio en los usos del territorio y cambio climático

El siguiente paso en la construcción de la red de infraestructura verde (tanto a nivel nacional como regional o local) es identificar los cambios ecológicos, económicos y sociales que acontecen en el territorio. La evaluación de estos cambios nos permite identificar las amenazas y oportunidades para la infraestructura verde actual en un espacio y tiempo concretos

Con esta información podemos, por un lado, definir qué medidas de gestión es preciso implementar para conservar el capital natural actual; y por otro, planificar acciones concretas de restauración de la infraestructura verde en aquellos espacios prioritarios para conectar o mantener la integridad y provisión de servicios ecosistémicos.

* La intensificación agrícola unida a la aridificación que se prevé en la Península Ibérica en las próximas décadas, acelera la degradación de los ecosistemas

Algunos de los cambios en la ocupación del suelo que podemos tener en cuenta son:

  • Procesos de expansión o abandono agrícola
  • Aumento o contracción de cuerpos de agua, zonas húmedas o inundables
  • Desarrollos urbanos nuevos o expansión de los ya existentes
  • Planes de expansión o desarrollo de infraestructuras lineales o energéticas

La intensidad de los efectos de estos cambios sobre los servicios ecosistémicos y los propios elementos de infraestructura verde, puede modificarse si se consideran otros procesos que ocurren a mayor escala, como los derivados de los escenarios actuales de cambio climático. El cambio climático puede intensificar la degradación de los ecosistemas generada por otras actividades humanas en el territorio al mismo tiempo que modifica los flujos ecológicos, favoreciendo o impidiendo la expansión de hábitats y el movimiento de especies. Interpretar el territorio en base a la vulnerabilidad climática permite llevar a cabo una planificación más eficiente de la infraestructura verde de un país.

Restauración Ecológica y social de la infraestructura verde

Tras el diagnóstico de elementos, conectores y escenarios futuros podemos obtener un mapa de aquellas zonas donde es preciso intervenir para asegurar que se conserva el capital natural del país. En este punto, se pueden diseñar acciones concretas de restauración ecológica de ecosistemas.

A pesar de que la restauración de ecosistemas pueda considerarse dentro de ese primer bloque de «Acciones de planificación», lo cierto es que el desarrollo de acciones de restauración del capital natural tiene mucho que ver con las «acciones relacionales».

En el documento de las Bases científico-técnicas se hace alusión de manera explicita a que la implementación de una Estrategia estatal de infraestructura verde » requiere una mayor concienciación medioambiental y una verdadera implicación de las poblaciones locales y de los gobiernos en el uso del territorio » . En el ámbito de la Restauración del Capital Natural, la vinculación de los agentes locales a los proyectos tiene mucho que ver con la Restauracion del Capital Social.

El Capital Social puede definirse como todas las relaciones de confianza, reciprocidad e intercambio; las normas, reglas y sanciones definidas de manera común y la conexión entre grupos dentro de la sociedad. Todos estos vínculos deben mantenerse activos cuando se desean plantear acciones que involucren a distintos grupos de individuos, con necesidades y visiones particulares pero que dependen de unos recursos comunes.

La generación de espacios de diálogo y trabajo coordinado entre distintos agentes (por ejemplo, distintas conserjerías dentro de una administración pública) es una herramienta útil para restaurar el capital social.

La restauración de un espacio físico pasa, por tanto, por la restauración de este capital social. Para conseguirlo es necesario trabajar de manera participativa, identificando claramente los agentes clave del territorio para después definir estrategias de comunicación efectiva que nos permitan acometer las acciones de restauración de ecosistemas con éxito.

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