Valoración del capital natural en el sector agroalimentario

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Actividad agroalimentaria y Agenda 2030

La SOSTENIBILIDAD con mayúsculas, está directamente relacionada con asegurar la calidad de vida de las personas que habitamos este planeta. Este hecho pasa, necesariamente, por cubrir necesidades básicas como la alimentación. De hecho, la Agenda 2030, el marco de referencia para la sostenibilidad, incluye en el ODS 2 la necesidad de erradicar el hambre para 2030.

La lucha contra el hambre y la seguridad alimentaria son uno de los temas clave que tenemos que abordar como sociedad. Sabemos que más de 800 millones de personas en todo el mundo están subalimentadas. Y que la mayoría de las personas que sufren hambre se concentran en países en vías de desarrollo.

Entre las metas que plantea la Agenda 2030 para hacer frente a este problema social, está en incremento de la productividad de los sistemas agrícolas. No obstante, esto sólo es posible si se optimizan los sistemas de cultivo, de manera que no se comprometan los recursos naturales como el suelo o el agua. Además, el mantenimiento de la diversidad genética de cultivos o razas ganaderas puede jugar un papel crucial a la hora de adaptar las especies que hemos domesticado a los efectos adversos del cambio climático.

Restauración del capital natural y social entorno a sistemas agrícolas

Los impactos del sector agroalimentario en los ecosistemas

Sin embargo, no seremos capaces de alcanzar este objetivo de desarrollo sostenible sin contar con todos los agentes implicados en la producción de alimentos y bebidas. El sector de la agricultura emplea al 40% de la población mundial actual.

Esta actividad agrícola es la fuente de recursos indispensables para un tejido de empresas de producción, manufactura y distribución de alimentos. Tal es la importancia de este sector, que solo en Europa da trabajo a  4,57 millones de personas y factura  1,1 billones de euros al año, con 230 mil millones de euros en valor agregado.

La otra cara de la moneda es que toda esta riqueza se genera a base de transformar los ecosistemas naturales. Algunos de los impactos ambientales más significativos de la agricultura tienen que ver con la deforestación. La contribución actual de la agricultura a la desaparición de los bosques a nivel global varía del 30% en África y Asia, hasta casi un 70% en Latinoamérica.

Asociado a este cambio en el uso del territorio, existen otros problemas ambientales como la degradación de los suelos, las emisiones de gases de efecto invernadero o la pérdida de hábitats y biodiversidad.

El sector agroalimentario y la valoración del capital natural

El sector agroalimentario tiene además una fuerte dependencia de los recursos naturales para asegurar su durabilidad en el tiempo. Por eso es uno de los sectores clave para trabajar en valoración del capital natural.

Algunas ventajas que podrían obtener las empresas del sector agroalimentario de la valoración del capital natural son:

  • La cuantificación precisa de sus impactos
  • El desarrollo de sistemas de cultivo más eficientes
  • El diseño de medidas compensatorias alineadas con los impactos de su actividad
  • La mejora en la comunicación de su desempeño ambiental a sus grupos de interés

Pero ¿cómo pueden empezar las empresas de comidas y bebidas a trabajar en la valoración del capital natural?. Como ya hemos hablado en alguna otra ocasión, el primer paso para trabajar en la valoración del capital natural es hacer un análisis de materialidad.

El análisis de materialidad nos ayuda a identificar aquellos servicios ecosistémicos que son clave para nuestra actividad. Aquí os dejamos un ejemplo de análisis de materialidad preliminar para el sector agroalimentario. Recordad que si queréis aprender a hacer vuestro propio análisis de materialidad, podéis consultar nuestra formación exprés en valoración del capital natural.

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